Oncle Jules

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domingo, 22 de agosto de 2010

ESPERPENTOS CÓMICOS

                         

"¡Ay papá, pobre papá, mamá te ha colgado en el armario y me siento tan triste!" (Oh Dad, Poor Dad, Mamma's Hun You In The Closet and I'm Feeling So Sad!, 1967) 86 min. USA.



Director: Richard Quine y Alexander Mackendrick.
Guión: Ian Bernard, Herbert Baker y Pat McCormick; Sobre la obra teatral de Arthur L. Kopit.
Música: Neal Hefti.
Fotografía: Charles Lawton Jr. y Geoffrey Unsworth (C).





Reparto: Rosalind Russell: Madame Rosepettle; Robert Morse: Jonathan; Barbara Harris: Rosalie; Hugh Griffith Comodoro Roseabove; Jonathan Winters: Padre (Narrador); Lionel Jeffries: Comandante del aeropuerto; Cyril Delevanti: Hawkins; Hiram Sherman: Breckenduff; George Kirby: Moses; Janis Hansen: La 'otra'.  Seven Arts Productions. Paramount.

Sinopsis:Jonathan, hijo de una madre dominante, -con cara de mosca y siempre al abrigo de ella-, descubre por primera vez el significado de las palabras amor, asesinato, y el concepto de familia-, en esta comedia de humor negro basada en la obra de Arthur Kopit, representada en Broadway. La señora Rosepettle, una dama rica (Rosalind Russell) y su hijo Jonathan, -con 25 años físicos y 5 mentales- (Robert Morse), llegan al Hotel Port Royal en una pequeña isla del Caribe con el 'pater familias', literalmente, a cuestas, pues el hombre de la casa lleva muerto desde hace muchos años y su cadáver disecado viaja con ellos en un ataúd. La madre es una loca que tiene pirañas y plantas carnívoras Venus atrapamoscas como animales de compañía, y controla la vida de su hijo hasta los mínimos detalles, decide incluso lo que comida que tiene que desayunar, comer y cenar (una hamburguesa y una cereza al marrasquino); manteniendo a Jonathan encerrado en la habitación del hotel todo el tiempo, sin permitir que se mezcle con el mundo exterior. La baby-sitter contratada para hacerse cargo de Jonathan, Rosalie (Barbara Harris), resulta ser una bella e irresistible 'ninfette', que deslizandose por la ventana seduce  al hombre-niño mientras la señora Rosepettle es cortejada por el borracho millonario Commodore Roseabove (Hugh Griffith), que mientras ella se entrega a los placeres carnales  pretende que su hijo permanezca "puro".  Rosalía no es alguien que se deje intimidar por este matriarcado por lo que duplica sus esfuerzos para llegar a Jonathan, quién ama a Rosalie también, pero la atención que le dedican estas dos mujeres le subyuga terriblemente.


                                          

Adaptación de una excelente comedia de Arthur L. Kopit que toma como pretexto las relaciones entre una posesiva y necrofílica madre y su apocado hijo. Basándose en un tono esencialmente negro, Quine consiguió una ilustración de la obra correcta aunque menos brillante de lo que hubiera sido de desear. Ante el fracaso de su primer preestreno, Alexander Mackendrick rodó varias secuencias nuevas. Film inédito en España.


En un intento de subvertir la vieja fórmula del vodevil grotesco, -en su vertiente de peor gusto-, del 'cadáver itinerante': De vez en cuando el padre muerto hará acto de preséncia en una pequeña burbuja en la esquina superior derecha de la pantalla y comentará lo que está pasando. Narrada por el personaje del padre, que señala los puntos de interés en la trama de esta película a medida que avanza, casi para indicar al público cómo reaccionar ante la siguiente escena: A veces habla con su hijo, otras, se dirigirá directamente al público; Jonathan Winters es el 'Pobre Padre colgado en el armario' (y el narrador del film). Todos estos personajes se encuentran y todo un infierno se desata.


Por alguna razón esta película fue filmada en Montego Bay, Jamaica. En un paisaje muy soleado y exótico, pero desacertado con la retorcida y oscura trama del film. La música de Neal Hefti también está muy mal úbicada. Neal Hefti compuso la música para la série de televisión de "Batman", y una gran parte del tiempo la música que suena en la película es muy parecida. El tema musical cantado por los niños tampoco encaja.


Resulta lógico ver a Robert Morse ("Cómo tener éxito en los negocios sin realmente intentarlo", "Los seres queridos") interpretando a Jonathan el 'hombre-niño' ya que siempre ha tenido un aspecto muy juvenil. Sin embargo, en un intento de mostrar que él es nunca vió el exterior, es presentado con una palidez extrema. Esta complexión le hace parecer casi enfermizo. Su estado infantil se lleva demasiado al extremo y su actuación resulta patética. No tiene ninguna gracia, ni siquiera visto de una manera absurda u oscura. Johnathan es un retrasado mental, su madre lo mantiene encerrado en todo momento, mantieniendolo ocupado con las colecciones de sellos, libros, y con un telescopio.


Rosalind Russell termina pareciéndose a Joan Crawford, o a Faye Dunaway en "Queridísima mamá". Se prueba una gran variedad de pelucas, e incluso hace un truco de esquí acuático salvaje al final. Rosalind Russell ("Luna nueva") interpreta a Madame Rosepettle, una mujer prepotente y excéntrica. Ella es una mujer que succiona el aire de cualquier habitación en la que entra. Este personaje tiene muchas peculiaridades extrañas, como el hecho de tener a dos atrapamoscas Venus, y de cuidar de un tanque lleno de pirañas que se comen a los gatos siameses. Cuando murió su marido le disecó, y como si de un peluche se tratara, lo guarda en un armario.


Barbara Harris (la única del reparto que repite su papel de la obra de Broadway) ha sido siempre una actriz fabulosa y está bién incluso aquí. Ella interpretó en muchas ocasiones a mujeres neuróticas, pero aquí hace un papel distinto a los que acostumbraba a interpretar. Es interesante comparar este personaje con otros de su carrera.


El mensaje de esta película es muy nebuloso. Las críticas afirman que se trata de un estudio de la "confusión humana". Sin embargo, los personajes me parecen demasiado extremos para ser relacionados con los seres humanos cotidianos; no son humanos.


Es interesante observar que, a pesar de todos los grandes nombres que aparecen implicados en la película, el proyecto se derrumbó. Probablemente porqué nadie sabía que demonios querían mostrarnos con esta película. (Incluso el muy inteligente, exigente, autocrítico  y meticuloso director inicial, Alexander Mackendrick: -"El quinteto de la muerte", "Chantaje en Broadway", "Viento en las velas", "Sammy, huída hacia el sur"-, tuvo que intervenir tras el estreno desastroso del film, asumiendo la ingrata tarea de rodar nuevas secuencias con las que trató de ordenar las deslavazadas consecuencias de un rodaje caótico, consecuéncia de haber caído el proyecto en las malas manos del desequilibrado director Richard Quine, cuya mejor película es "Un extraño en mi vida").
Lo curioso del caso es que la historia es vibrante, tiene vida, y los actores todos hacen un gran trabajo creando estos personajes animados, humorísticos y desajustados con la realidad. Lo que resulta un gran lastre para la película es la loca narración del difunto Jonathan Winters, y los fallidos flashbacks detallando su noviazgo y el matrimonio con Russell  (parodia su propio personaje y la misma historia).
Al narrar el difunto la acción, -y cada vez que lo hace vemos aparecer una pequeña imagen congelada de su cara en la pantalla-, los espectadores entendemos que este truco detiene la película mientras nos quedamos fríos ante la pista que el personaje ha querido darnos; con razón un pez gordo de Paramount dijo que esta película no tenía sentido, tenemos uno de las más grandes cómicos de los escenarios derrochado y limitado a pequeñas apariciones. Tampoco están bien medidos los ritmos de la comedia y del drama en esta película destruida por los comentarios banales de Jonathan Winters,  -una voz en off absolutamente innecesaria-, que toma al espectador por tonto al contarle unas situaciones que este ya vé por si mismo.


La secuencia más grande en la película es clip de un cortometraje mudo en Super 8 narrado por la señora Rosepettle. Es tan perfecto, tan loco, y es impecable este episodio que de por sí constituye un fascinante corto.


Sinceramente, esta película es la respuesta en tono de comedia al fim de terror "Psycho" (1960). Las dos tratan de la relación de un hombre-niño y su madre loca, siendo esta muy divertida, además Robert Morse tiene un parecido impresionante con Anthony Perkins. No es "Psycho", no se acerca ni de lejos a ella, pero constituye una versión 'camp' del film de Hitchcock.


Como muy bién reza el slogan del film: "Esta película es a las madres lo que "Moby Dick" es a las ballenas."

                                               





Sueño erótico del padre (Jonathan Winters)
Banda sonora:  www.radiovideojazz.com/neal-hefti

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LA ESCALERA. (Staircase, 1969). 96 m. Nacionalidad: Francia/ Gran Bretaña/ USA.

Director:  Stanley Donen.
Guión:  Charles Dyer, sobre su própia obra de teatro.
Fotografía:  Christopher Challis (C).
Musica:  Dudley Moore.

Reparto:  Rex Harrison (Charles Dyer); Richard Burton (Harry Leeds, conocido como 'Chez Harry'); Cathleen Nesbitt (La madre de Harry); Beatrix Lehmann (La madre de Charlie); Michael Rogers y Royston Starr (Interpretes de la canción del inicio); Jake Kavanagh (Chico del coro); Dermot Kelly (Supulturero); Gordon Heath (George el policía); Avril Angers (Señorita Ricard); Neil Wilson (Policía); Shelagh Fraser (El puto); Gwen Nelson (Matrona); Pat Heywood (Enfermera); Stephen Lewis (Jack); Katya Wyeth.  20th Century Fox.

Sinopsis: "La escalera" es una adaptación de una obra de teatro de Charles Dyer que propone un duelo interpretativo de dos actores. La película, como la obra, trata de una pareja gay que afrontan su envejecimiento físico; uno es el dueño de una barbería en el East End de Londres, mientras que el otro es actor a tiempo parcial; este último tiene que comparecer próximamente en un juicio por exhibicionismo, por hacerle proposiciones a un oficial de policía estando vestido de mujer. La acción transcurre durante diez días en los que Charles Dyer habla de su volátil pasado amoroso, y el la que se dará cuenta de que su futuro es imposible de afrontar sin Harry Leeds a su lado.
Rex Harrison parece ser bisexual, ya que se casó y tiene una hija a la que no quiere ver. La vida de este personaje se ha convertido es absolutamente aburrida, donde habla de sus logros pasados mientras la vida va pasando.

Burton es dueño del piso y de la barbería de abajo y Harrison trabaja con él. La vida no ha sido muy grata para los anti-héroes en esta película. El drama construye en la frustración, la ira y la relación con dos madres imposibilitadas: la de Burton en su casa y la de Harrison en una institución. Incluso cuando Harrison trae a un chapero para tener una aventura con él, no ocurre nada, realmente. Por supuesto, al final, se dan cuenta que se necesitan mutuamente.



Los nombres de los dos personajes principales de la obra son Charles Dyer (el nombre del dramaturgo y guionista), y Harry C. Leeds, que es un anagrama del nombre del autor.

El guión fue escrito por Dyer, y la película fue dirigida por Stanley Donen. Dyer muestra en la primera escena el barrio del East End de Londres, (aunque fué rodada en docorados en un estudio de París), dónde vive la pareja homosexual interpretada por Rex Harrison y Richard Burton, amplió la acción abarcando un período de diez días, y agregó otros personajes como Cathleen Nesbitt y Beatrix Lehmann como las ancianas madres enfermas de la pareja protagonista.

La banda sonora de la película fue compuesta por el músico y comediante Dudley Moore.

La película fue clasificada R por la MPAA. En lugar de comercialización como la la comedia dramatica que es, el estudio trató d venderla como si fuera una comedia esperpéntica. Fue criticada por la mayoría de los críticos, entre ellos Roger Ebert, Quien le dió una estrella en su examen y lo llamó "un ejercicio de mal gusto, es desagradable... Donen no nos ofrece calidez, humor o incluso comprensión a la hora de reflejar la escoria que trata. Explota a unos improbables Rex Harrison y Richard Burton como si fueran una atracción de feria". La película fue un fracaso comercial que perdió la mayor parte de su inversión.


El crítico de cine Armond White en cambio, dijo de la película "una rara película de Hollywood dónde se representa al colectivo gay con sabiduría, humor y calor; un tesoro perdido".

Es prácticamente teatro rodado y es tal el gustazo que da ver la batalla actoral entre Harrison y Burton que te importa un pimiento que el film no tenga una fotografía esplendorosa, ni unos decorados lujosos. Si se conoce el texto teatral uno ya sabe qué delicia le espera. Stanley Donen rodó con mimo esta película y trató con gran ternura estos dos personajes que representan un canto al respeto, la solidaridad, al amor incondicional e invencible a través de los años, de la necesidad de amar y ser amado. De estas cosas buenas y de muchas más.


Si usted puede conseguir ver más allá de su impacto inicial al ver a dos de los mujeriegos más notorios del teatro como una pareja homosexual, será recompensado con una tierna, y sorprendente, historia de amor. Dirigida por Stanley Donen en el apogeo de su talento, (que ya había filmado el clásico "Two for the Road", otra película sobre una pareja en pugna); la película camina por una línea muy delgada entre la farsa y de inmediato el drama deprimente; (especialmente en las escenas desgarradoras entre Burton y su madre inválida, Cathleen Nesbitt). Burton está extraordinario en un papel que va más allá del estereotipo inicial, resulta muy dulce en un retrato de un hombre que tiene tanto amor que dar que también quiere que se lo entreguen a él. Es una actuación maravillosamente matizada. Harrison resulta menos adecuado en su papel, que es mas válida para el teatro que para el cine, pero su química con Burton no se puede negar. Una película divertida, triste que tiene algo que decir -no solamente de los gays- acerca de la soledad y de la búsqueda de la aceptación del amor.


La actuación de Richard Burton es excelente, -Su personaje de Harry es muy simpático-: (¡Como cuída de su madre en cama, así como de su compañero de larga duración, Charlie!). Mantiene su cabeza calva envuelta en un turbante para proteger su propia verguenza y su negocio, y es también consciente de su aumento de peso (Mirad como hace úso de la ropa durante toda la película); a Charlie le gusta tomarle el pelo: ("¡Mira que estás mal hecho!"). Es uno de los papeles se pasa por alto de Richard Burton, -¡incomprensible!-. Resulta a la vez cómico y dramatico, el realismo de otro estilo de vida mostrado con sus elementos más humanos.


Charles y Harry se detestan claramente, después de estar juntos durante tanto tiempo, sin embargo, no puede imaginarse la vida el unosin el otro. Charles necesita que Harry le consuele cuando se descompone; Harry necesita sentirse necesario, y Charles es la única persona que puede cumplir con sus requerimientos. Los intercambios verbales entre Harry y Charles son viles, úsan la picardía y la condescendencia. En una ocasión, recurren a la violencia física. Sólo una vez Charlie necesita de Harry para poder salir adelante. Es como una versión masculina de "¿Quién teme a Virginia Woolf", con Rex Harrison en el papel de Elizabeth Taylor. No sé si Dyer es heterosexual o gay, pero es homofóbico y no intenta disimularlo. El director Stanley Donen drena toda apariencia de calidez o de esperanza en la película. Incluso la puesta en escena es fría, triste y deprimente.


Richard Burton resulta sorprendentemente eficaz como ese socio utilizado como 'punching-ball', notas la desesperación física y espiritual que el personajes está viviendo.

Harrison, supuestamente, se encontraba tan a disgusto con algunos de sus diálogos que se fue a Italia, sólo para regresar cuando se le amenazó desde el estudio con una demanda por incumplimiento de contrato; y Burton la hizo sólo para estar cerca de Elizabeth Taylor, que también estaba rodando una película en París ese mismo año.

"La escalera" es una película oscura. Es una mirada triste sobre la forma en que los homosexuales fueron considerados durante mucho tiempo.



Hay poco espacio para la sutileza como para que la película sea redimida, pero que de todos modos no es esta mi finalidad al escribir esto. Me dá la sensación de que se trata de una historia sombría, del estilo de Charles Dickens, pero puesta al día, con un toque muy moderno. La vida real rara vez es justa, és lo que és.

Una pareja gay (Rex Harrison y Richard Burton) a finales de 1960 en Inglaterra. Burton es peluquero (por supuesto, el tópico), y Harrison es un actor. Se quejan sin parar, se agreden el uno al otro verbalmente, van vestidos de manera horrible, odian a sus madres, están deprimidos y reprimidos, y llenos de odio hacia ellos mismos. (Harrison se mete con la calvicie de Burton mientras esté trata de taparla con un obvio peluquín).

Supongo que esto era revolucionario en 1969, pero es terriblemente ofensivo en la actualidad. La película fue subtitulada "Una historia gay, triste". Simplemente muestra a los hombres gay como seres solitarios patéticos y muy condescendientes. Enfermizos y depresivos; en un tratamiento abiertamente homófobo. El problema de esta película para mí es el hecho de que Hollywood siempre ha retratado a los gays como afeminados, o como reinas jóvenes muy marginales, (incluso la 'intro' de la película es una viñeta de 5 minutos, de dos jovenes drag-queens, terriblemente feos cantando: "Las reinas", muy mal título para una canción. En la escena en el parque en el que Harrison mira los niños jugando el mensaje está claro: "los homosexuales viejos son una amenaza para sus inocentes hijos".


El guión se deja cosas importantes en el tintero: No explica plausiblemente la razón por qué estos dos amargos perdedores han permanecido juntos durante tanto tiempo. Harrison recibe un aviso para ír a declarar al tribunal, pero la película termina antes de que llegue al juício. Una reunión de este mismo personaje con su hija adulta parece interesante y prometedora, pero esta parcela se evita en la película, también. Burton aporta mucha dignidad a su papel, mejor interpretado que el de Harrison. ¿Y qué tal esa maricona fea, ese puto con peluca rubia que recoge Harrison? El punto más bajo se produce cuando Harrison recoge y lleva a casa de Burton a ese puto feo y marginal, y después de humillar a Burton ante este hombre monstruoso que bebe y ríe como un memo, Harrison finalmente va demasiado lejos y empuja con dureza a Burton contra una estantería haciéndole sangrar. Es la única parte de la película donde Burton se defiende a sí mismo.



Al final, Harrison tiene que ir a juicio por un delito, y no quiere Burton vaya con él, ya que cree que si el juez lo vé aparecer junto a su amante gay, barrigón y con una envoltura de la cabeza, lo condenará por mucho tiempo. Sale de plano y se encamina hacia la sala de juícios; mientras trata de cruzar la calle se da cuenta de que no puede afrontar esto solo y llama a Burton con gritos lastimeros; Burton corre a su lado y lo sostiene al cruzar la calle. Tenía muchas ganas de que mostraran algo de afecto, y tal vez un abrazo, pero la única escena de afecto es cuando Harrison admite tener miedo y cae en los brazos de Burton en la cama, Burton ligera acaricia suavemente su pelo. Esta película podría haber sido incluso mejor si la hubieran tratado con mayor sensibilidad y comprensión en lugar lo que ser un retrato de dos reinas luchando contra la incomprensión de una sociedad de un tiempo. La última imagen de la película muestra a Harry y a Charlie caminando juntos para tratar de hacer frente a un mundo hostil, mientras la madre de Harry lanza una mirada radiante de amor por su hijo y de alegría al ver que él tiene un compañero de vida.
Fantastica Kathleen Nesbitt, en un papel en un principio degradante, como la madre enferma -artritis severa- de Burton. (Las escenas entre Cathleen Nesbitt y Burton son particularmente desagradables, sobretodo cuando Burton le límpia la papilla de la cara).



Harry no odia a su madre enferma, todo lo contrario, la ama profundamente, y se emociona hasta las lágrimas porque no puede ayudar a cambiar su ropa sin hacerle daño. Intenta mantener a una persona mayor, lo que tiene en este mundo. Es la madre de Charlie la que odia a su hijo por ser homosexual. Para la madre de Harry todo era el hermoso cabello de su hijo, un pelo que se le ha caído y cuya falta le provoca su aplastamiento emocional. Ahora se sienteimpotente, frustrado, desposeído de atractivo para Charlie. A Charlie no le importa el pelo, Harry es el único hombre que Charlie quiere realmente, pero no sabe como decírselo a Harry. Resulta extraño que Stanley Donen ("Cantando bajo la lluvia"), dirigiera esta cinta tan clautrofóbica. Cualquier persona joven gay ver esto en el año 1969 habría sido conducido a los pensamientos de suicidio. Charlie es un narcisista que sale a beber todas las noches y a veces trae chaperos para hacer alarde de su atractivo ante Harry. Harry es el compañero que más sufre, atormentado por su alopecia no puede salir de casa sin llevar su cabeza calva envuelta, incluso cuando está tomando un baño Harry sufre el abuso verbal de Charlie. La vida de Harry se reduce a limpiar el piso, a preparar las comidas de Charlie, y a atender a su propia madre que vive en la parte de arriba de la vivienda, con ellos dos.



Charlie ayuda en la tienda de Harry, pero pasa la mayor parte de su tiempo lamentándose de su fallida carrera como actriz. La hija que Charlie ha tenido de su fracasado matrimonio va a ír visitarle, y Charlie está preocupado por cómo va a explicar la presencia de Harry. Además de eso, Charlie ha recibido una notificación para comparecer en el tribunal por perversión. La idea de tener que explicar el gordo lío en público, y de ser "marginado" como homosexual hiere el orgullo de Charles, que ataca duramente a Harry, o bien solloza desconsoladamente por lo que él ve como el final del mundo.



El contraste entre las viejas remilgadas que interpretan Burton y Harrison fue maravillosamente retratado. Mostrando una relación duradera, pero quejumbrosa, que es a menudo el resultado de una pareja madura, que son concientes de su envejecimiento, por el que constantemente expresan su disgusto, así como por las flaquezas del otro, y sin embargo existe ente ellos mucho cariño de base. Esta es una película maravillosa. Una dália negra.

                           

Constantemente apoyados el uno en el otro (y retro-alimentandose entre sí) como dos mitades de la misma persona, Richard Burton y Rex Harrison hacen dígna esta película, -y tal vez solo estuvieron presentes debido a los grandes salarios que cobraron por hacerla, un millón de dólares por cabeza se embolsaron-, consiguiendo conferirle un ritmo continuo que es bastante contagioso. El pintoresco material de Charles Dyer está elaborado con mucho encanto, y algunas de sus líneas de diálogo provocan en mí grandes carcajadas. Personalmente creo que hay momentos en que Burton parece más apto para recorrer grandes distancias con un personaje más agradecido que el de que Harrison; entonces, en la escena siguiente, le dán la vuelta a la tortilla y es Harrison, el que se desquita. El director Stanley Donen es la clave para que la pieza rara vez vacile. El texto gay no se utiliza a tontas ni a locas; Donen dota a las escenas de una estructura episodica rápida, poco profundizada, y esto hace que se mantenga el ritmo rápido, dándo como resultado un ritmo agradable (que no agota). Cierto es que Dyer ofrece pocos momentos realmente dramáticos, toda la razón; a pesar de haber escrito algunas líneas magníficas, (por ejemplo, cuando Harrison le dice Burton, "Necesito a alguien nuevo de vez en cuando"). Las secuencias más finas no son pisoteados por Donen, ni por su montador. "La escalera" es expresiva y seductora, y debe resonar con un público al que no le importa una mezcla provisional del humor atrevido, autocompasión, bromas impacientes, y un derrumbamiento de la vanidad.


No es una gran película, porque se mueve a trompicones y hay momentos que me parecen emocionalmente un poco vacíos. Pero es una película decente porque los personajes son creíbles y crecen espiritualmente aprendiendo a cuidar unos de otros.






Monólogo de Rex Harrison


Canción de Dudley Moore interpretada por dos Drag Queens
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Título original:  ¡Vivan los novios!

Año:  1970.
Duración:  83 min.
País:  España.
Director:  Luis García Berlanga.
Guión:  Rafael Azcona, Luis García Berlanga.
Música:  Antonio Pérez Olea.
Fotografía:  Aurelio G. Larraya (C.)
Reparto: José Luis López Vázquez (Leonardo Pozas); Laly Soldevila (Loli); José María Prada (Pepito); Manuel Alexandre (Carlos); Xavier Vivé (Sr. Calonge); Teresa Gisbert (Doña Trinidad Pozas); Jane Fellner (Pintora irlandesa); Gela Geisler y Romy (niñeras); Luis Ciges (Cura); Víctor Israel (Vicente, el sacristán); Juan Torres (Manolo); Francisco Jarque (Señor Fuentes); Amalia Martinez Del Campo y Miquel Bordoy.  Productora:  Suevia Films.

Sinopsis:  Leonardo Pozas, natural de Burgos y alto empleado de banca llega a un pueblo de la Costa Brava, acompañado de su madre, para casarse con Loli. Inesperadamente, la madre de Leo pasa a mejor vida. Esto puede significar la suspensión de la boda, un año de luto y, a lo mejor, otro de alivio, de manera que Leonardo y Loli ocultan el cadáver de la anciana hasta después de los esponsales...


Feroz esperpento, injustamente menospreciado en su momento, en el que Berlanga ofrece una de las miradas más incisivas que se hayan planteado sobre la España de los 60. Los mitos más ancestrales se oponen a la falacia de un aperturismo representado por el turismo, en un juego brillante que combina la sordidez y el delirio con notable tino.

1970. Un lugar en la Costa Brava (en realidad la película está rodada en Sitges). La España del boom turístico. La fisonomía ha cambiado pero el esqueleto es idéntico. Antes que nada "Vivan los novios" nos trae ante los ojos la imagen de nuestra España, la misma que ha sido protagonista de todas las obras de su autor. Ahora le han lavado la cara, pero el escenario es parecido: tras los concursos radiofónicos de "Esa pareja feliz", los sueños de riqueza y fé en los reyes magos de "Bienvenido Mr. Marshall", los milagros de "Los jueves milagro", la falsa caridad de "Plácido", la búsqueda de piso de "El verdugo", la miseria de el organista de "La muerte y el leñador", y el feroz retrato de la burguesía de províncias de "La boutique", vienen ahora los turistas para servir de contraste con los mismos seres raquíticos, tarados por toda clase de frustraciones, tabúes, temores y creencias ancestrales que evidencian su pobreza moral y material.


Desmitificación completa de la España del desarrollo, esta película se nos presenta como la última aportación de Berlanga a su brillante estudio sobre nuestra situación durante la posguerra. El personaje que compone José Luís López Vázquez, -que como siempre hace una excelente creación-, encarna en sí mismo todas las contradicciones de un pueblo que no había accedido a la madurez. Tema tratado con surrealismo y un patetismo bastante cachondo.


El protagonista de "¡Vivan los novios!" tiene la tentación, tal vez por primera vez en su vida, de franquear las barreras que le condenan a una existencia triste y sin horizontes dionisíacos en un entorno mortecino, yermo y caduco. En la memorable secuencia final del film, el hombre intenta abandonar un cortejo fúnebre en pos de una lozana joven extranjera y es reconducido violentamente al seno de la procesión en la que marchaba. Así, este pobre diablo que desea más que nada mezclarse con las nuevas generaciones del amor libre, que anhela integrarse en un mundo de juventud, belleza y sensualidad que le rodea, tentándole, sin conseguir acceder a él, se transforma en una inesperada encarnación de ese “complejo de Peter Pan” tan característico de una importante parte del cine español, al cual Berlanga y sus películas nunca han sido, ni mucho menos, ajenos.


J. L. López Vázquez interpreta un arquetipo clásico del franquismo:  El caballero entrado en años, con una prometida no demasiado exuberante (valga el eufemismo) y mojigata, y un montón de responsabilidades plomizas y aparatosas, que se ve enfrentado a las nuevas costumbres lúdicas de la juventud, con atención especial para las turistas extranjeras y su desinhibición en todos los aspectos. En ese sentido, las imágenes del film pueden remitirnos a cualquier producción nacional del pre-destape, con guiris enseñando caderas, escotes y pantorrillas al siempre necesitado macho ibérico fruto del sistema de valores (cuyo lema era la consabida “decencia”) de la dictadura. Sin embargo, el film de Berlanga va más allá incluso de su habitual narración de la crónica de un fracaso, en este caso los infructuosos intentos del protagonista por trajinarse a una de estas tentaciones en bikini, y termina hablando de la impotencia ante la imposibilidad de escapar de nuestra casilla social (marcada de modo notable por la edad y el aspecto físico), de esquivar las trampas comunitarias que nos impiden llevar a término nuestros más íntimos deseos y entregarnos a la melancolía que caracteriza a los sueños de la adolescencia, un asunto ya tratado directamente por el director en Novio a la vista (1954).


La mirada del autor oscila entre la comprensión sentimental hacia lo que vive entre nosotros y la más cruel sátira de una conducta que no aporta nada positivo salvo la custodia de los valores eternos que las derechas inventaron para apartarnos del festín.

Berlanga narró esta tragedia de nuestra existencia con su pericia conocida. Pruebas de su intuición son los múltiples detalles que jalonan cada una de las escenas. La inventiva es constante. La cámara siempre aporta nuevos hallazgos a lo que ya era brillante en el excelente guión. Como prueba de ello la secuencia final con la panorámica que recoge el ángel negro paseando entre los cuerpos semidesnudos, el zoom que nos presenta el cortejo funerario, los recuerdos del protagonista y su último, desesperado e inútil intento de huida hacia la libertad para terminar devorado por la araña negra.


Para quienes vean la película ahora hay que recordarles que la implacable censura abortó muchas de las situaciones previstas, algunas aparecen solo esbozadas. "Vivan los novios" fue menospreciada en su tiempo y sigue padeciendo una fuerte incomprensión crítica pese a sus muchos méritos.


No pasa nada si la película es simple (que lo es), previsible (que puede serlo), y hasta cierto punto, burda (que está a punto de serlo). Lo único que importa es disfrutar de una película (no "con" ella) que basa su argumento en una historia lineal, y que hace de esa linealidad su mayor virtud. Divertida, y también meritoria si no se olvida el contexto histórico en que fue rodada y proyectada. Valiente Berlanga: un cachondo mental, vamos.


Mención especial merecen la escena del hippie-velatorio surrealista, con un genial Manuel Alexandre encarnando a ese entrañable Carlos, amnésico a ratos, dirigiendose a su cuñado con un: "Mister, ¿y tu quién eres?"; y aportando mas absurdo, si cabe, a la situación. La banda sonora de Antonio Pérez Olea, que bastardea el estilo de Nino Rota con un desparpajo muy sano.

Y esos personajes absolutamente iconoclastas, tan ferozmente caricaturescos que parecen sacados de los tebeos de Francisco Ibáñez, que enriquecen la película:  Ese director general de un banco austríaco que dá rienda suelta a su infantilismo cuando se encuentra de vacaciones, (lleva peluquín y bigote postizo durante el día, y por la noche dos exhuberantes teutonas  lesbianas representan el papel de 'baby-sitter' con él: le bañan en una bañerita hinchable para críos, le ponen un pañal, le dan un chupete y le acuestan).


Berlanga y Azcona rizan el rizo del absurdo y del mal gusto, ofreciéndonos su particular versión del viejo tema, -mencionado anteriormente-, del cadáver itinerante, representado por el personaje de la madre de Leonardo, la señora Viuda de Pozas (divertidísima Teresa Gisbert), esa vieja chocha, hipocondríaca y aquejada de vértigo, que termina ahogada en la bañerita para niños del alto ejecutivo de la banca austríaca; más adelante, tras haber sido arrojado el cadaver de la señora Viuda de Pozas al mar, este es encontrado en la orilla de una playa, insertado, -como si fuera una ballena-, por el arpón del fusil con el que un submarinista practicaba la pesca submarina. La finada, de cuerpo presente, termina metida en una bañera, cubierta con grandes bloques de hielo y con la cara embadurnada por un pedazo de pastel núpcial lanzado por su tremenda nuera.

O el espectacular, por horrendo, negro travestido -que atiende al mote de "Bambi"-, cuyo sujetador termina lleno del arroz de una paella, y pierde sus pechos postizos durante una orgía que se celebra en un yate.



Banda sonora del film:  http://www.epdlp.com/bso.php?id=2600


Una araña tan negra como la España del protagonista de ¡Vivan los novios!




 Otros esperpentos del tándem Berlanga- Azcona:


"La boutique" ("Las pirañas", 1967), es una película hispano-argentina del director Luis García Berlanga.

Sinopsis: Ricardo, hombre de negocios, está casado con Carmen. Mientras ella se aburre, Ricardo se divierte con las carreras de mini-coches, y algún flirteo marginal al matrimonio. La madre de ella descubre que su yerno tiene una amante y entonces se inventa que su hija tiene una enfermedad degenerativa incurable y así, él acaba entregándose completamente a su mujer y sus caprichos como el de tener una boutique con modelos a la última moda de París. El plan de la madre de Carmen no sale según lo previsto, pues mientras su hija inicia una aventura con un entendido en arte y en moda, su yerno planea casarse con la joven empleada de la boutique cuando su mujer finalmente muera. Cuando Ricardo descubre que Carmen no se está muriendo empieza a planear el asesinato de su mujer.
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"Tamaño natural" (en francés y originalmente: "Grandeur nature") es una película franco-española de 1974, dirigida por el cineasta español Luis García Berlanga.
Sinopsis: Michel (interpretado por Michel Piccoli) es un dentista parisino de 45 años con un matrimonio en decadencia, aunque su mujer, Isabelle (Rada Rassimov) acepta sus continuas infedelidades. Michel, dentro de su creciente soledad, encuentra un maniquí del que se enamora y decide divorciarse de Isabelle. Las personas cercanas a él asumen la realidad de diverso modo. Su madre (Valentine Tessier), admite de buen grado la situación, vistiendo a la muñeca con sus trajes de cuando ella era joven mientras la habla, llegando a afirmar sarcásticamente que ya había pasado más tiempo con el maniquí que con Isabelle, con quien mantiene una mala relación. Sus amigos encuentran la situación hilarante, regalándole una muñeca pequeña como si se tratara de su hijo. Isabelle, cuando descubre que su marido se ha enamorado de un maniquí, enfurece y acaba por comportarse como si también fuera uno para intentar recuperar a Michel.

El enamoramiento de Michel es total. Admite que su muñeca, a la que da diversos nombres a lo largo de la película, cumple todos los requisitos que él espera de una buena mujer: es atractiva, su piel no envejece, no habla ni enferma, ni tampoco pide caprichos. En su delirio, llega a escenificar una boda y grabar en video sus mejores momentos. Sin embargo Michel descubre las infidelidades de su maniquí con varios hombres, acabando simbólicamente con la vida de la muñeca.
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"La escopeta nacional" es una película española de 1977 del director Luis García Berlanga, convertida en ácido retrato de la clase empresarial y política del tardofranquismo.
Sinopsis: Invierno de 1972. Jaime Canivell (José Sazatornil), un fabricante catalán de porteros electrónicos, viaja con su amante (Mónica Randall) a Madrid para asistir a una cacería que él mismo ha organizado. Su objetivo es codearse con la alta sociedad para mejorar su negocio. Pero desde que llegan al lugar todo son sobresaltos y apariciones de personajes absurdos. Durante su estancia, Canivell y su pareja son testigos de la destrucción de la extravagante colección del marqués (Luis Escobar) propietario de la finca, del rapto de una actriz masoquista (Bárbara Rey) por el hijo onanista del marqués (José Luis López Vázquez), de un robo de níscalos, de un ataque de hemiplejia, de una partida de bingo y de un reajuste ministerial... entre otras situaciones esperpénticas.


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Zafarrancho en Cambridge. Título original: Porterhouse Blue, 1987.
200 min (4 episodios de 60 min). Gran Bretaña.


Director: David Nkight.
Escrita por: Malcolm Bradbury, sobre la novela de Tom Sharpe.
Fotografía: Dick Pope (Color).
Música: Christopher Gunning, Rick Lloyd.  Canción "Dives in Omnia" ("Aquí no hay dinero"), cantada por el grupo "The Flying Pickets" a capella.
Productor: Brian Eastman.

Interpretes: David Jason (Skullion, el portero); Ian Richardson (Sir Godber Evans, el nuevo Rector); Paul Rogers (Decano); John Woodnutt (Tutor Senior); Harold Innocent (Tesorero); Barbara Jefford (Lady Mary); Ian Wallace (Praelector); Willoughby Goddard (Profesor Siblington); Lockwood West (Capellán); Bob Goody (Walter); Roy Evans (Arthur); John Sessions (Zipser); Charles Gray (Sir Cathcart D'Eath); Paula Jacobs (Mrs. Biggs, la mujer de la limpieza); John Rogan (Chef); Tim Preece (Dr. Messmer); Miles Richardson (Gimingham); Earl Rhodes (Foxton); Charles Millham (Hearty); Fred Lee Own (Vigilante japonés); Griff Rhys Jones (Cornelius Carrington).  Carnival Films. Channel 4 Television Corporation.

Género: Miniserie. Sátira social. Humor negro.


Sinopsis: A finales de los 80 en Gran Bretaña, el Porterhouse College de Cambridge es un puro anacronismo, sus estudiantes varones, de manera uniforme (y en un gran número de casos) pertenecen a la educación privada. Durante siglos, Porterhouse College ha sido reconocido por su excelente cocina, por la arrogancia de sus becarios, por las proezas de sus remeros y por el bajo nivel de su desempeño académico. Cuando el Maestro titular muere (de un derrame cerebral provocado por comer en exceso) el gobierno se venga de la institución Porterhouse nombrando como su sucesor a un graduado de la misma universidad, el político Sir Godber Evans. Un miembro de las pequeñas minorías de estudiantes de la escuela estatal que tuvo la suerte de ír a la universidad, con grandes sacrificios por parte de sus padres. Evans vuelve a su alma mater decidido a acabar con este bastión de privilegios medievales que ha sobrevivido hasta bien entrado el siglo XX. El personal académico formado por ancianos decide poner fin a sus disputas por el poder y cerrar filas contra el nuevo rector, pero el nuevo Máster encuentra un adversario mucho más implacable en Skullion, el portero universitario.




Tomen una universidad sumida en la religión y el exceso, cuyo objetivo no es producir estudiantes sinó caballeros, y en la que para tener prestigio todos los maestros deben tener un derrame cerebral provocado por la gula. Cuando muere el viejo maestro, Sir Godber Evans y su demonio de esposa Lady Mary, desean socavar la tradición; pero pronto le explotan en la cara sus planes radicales: ¡planean que la univeridad sea mixta, quieren instalar máquinas de anticonceptivos en el hall de la universidad y pretenden formar académicos! Skullion, el portero mayor, celoso guardián de los más oscuros secretos de la institución, obtendrá finalmente una impresionante recompensa como agradecimiento por su silencio.


Decano: Usted conoce mi opinión. Si un poco de aprendizaje es una cosa peligrosa, piense en la gran cantidad de daño que puede hacer el aprender demasiado.



Sátira mordiente con un elenco de primera clase. Una sátira divertida y despiadada sobre el esnobismo de clase y las tradiciones británicas.

El Rector acaba de morir ... de 'Mal de Porterhouse'. Es decir, de un derrame cerebral provocado por los excesos. Una larga tradición insiste en que los maestros del Colegio Porterhouse nombren a sus sucesores, ¿y quién va a ser el hombre nombrado por el Rector antes de morir?. Porterhouse es un colegio inglés muy tradicional de Cambridge, un modelo de educación privilegiada, de él dependen todas sus tradiciones complacientes. Pues la universidad es tan tradicional que sus derechos y privilegios que no han cambiado en siglos. Los miembros del Consejo parecen momias. Sin embargo, el Rector al morir no nombra un sucesor. Según manda la tradición el Primer Ministro elige un nuevo Rector ... Sir Godber Evans (Ian Richardson), un político, un zorro astuto pero débil, con una esposa, Lady Mary (Barbara Jeffords), que es tan arrogante y desagradable como el hacha de un verdugo. Sir Godber, sin embargo, está a punto de tropezar con dos baluartes de la tradición, muy satisfechos de sí mismos, el Decano (Paul Rogers) y el Profesor adjunto (John Woodnutt). Pero ni siquiera en la peor de sus ensoñaciones Sir Godber podía prever la defensa real de la tradición ... el conserje de Porterhouse, Skullion (David Jason), un hombre que ha sido una constante en Porterhouse durante 45 años, conoce todos los secretos de la institución, guarda una lista con los nombres de todos los becarios que compraron sus títulos y además tiene anotadas las generosas donaciones que hicieron al centro -un chantajista, vaya-; algunos de estos nombres salpican a personajes importantes de la realeza y de la Cámara de los Lores. Skullion no es un hombre con el que se pueda jugar.


Sir Godber y Lady Mary están decididos a insertar el Porterhouse College en el siglo XX al comprobar que la universidad está en deuda por un millón de libras; -no obstante mantiene una excelente bodega y a un chef de alta cocina-. En el banquetazo real que se celebra tras la investidura del nuevo rector se sirven cisnes asados rellenos con paté y un enorme buey entero cocinado en un asador, cuyo esqueleto gotea festivamente mientras desfila por el salón comedor para alegría de todos los presentes. "¿No les parece este un gasto excesivo?, dadas las actuales circunstancias económicas." Dice Sir Godber. "Oh, no nos preocupan las circunstancias económicas". Dice el Decano. A lo que añade el Tutor Senior: "Tienden a desaparecer después de cincuenta años, o así."



Ian Richardson es Sir Godber Evans

Como Sir Godber y su esposa se disponen a meter mujeres en la universidad, y a poner las finanzas en orden mediante un presupuesto, Skullion el portero está a punto de sufrir un ataque. Él sabe reconocer a un caballero cuando lo ve, y Sir Godber no está haciendo lo que hace un caballero. Skullion Se embarca en una campaña para que las tradiciones de Porterhouse sean protegidas y para que él mismo pueda mantener su trabajo. En esta sátira feroz y divertida nadie está a salvo, e incluso algunos mueren. De hecho, uno de los más divertidos giros de la trama tiene lugar durante otra celebración, tras otro episodio de 'Mal de Porterhouse'.


Este es uno de los ataques más mordaces de las instituciones británicas que se han escrito nunca. Increíblemente buena fusión entre ritmo tenso y conclusiones de un humor negrísimo, maravillosamente actuada y dirigida. Uno de los mejores papeles de David Jason, este incorpora una energía extraordinaria a la función. Inigualable la escena donde David Jason -como si de Don Quijote se tratara- arremete contra una legión de preservativos llenos de gas con el palo de una escoba; los profilácticos estallan, naturalmente.


Paula Jacobs es La señora Biggs
A destacar la notable banda sonora que es una fantástica pieza de música coral.
También la sátira social es profundamente divertida, con uno de los personajes principales (Zipser, personaje interpretado maravillosamente por John Sessions) que se mata con unos condones llenos de hidrógeno; Obsesionado con las carnes rollizas de la mujer que limpia su cuarto (genial Paula Jacobs).



También resultan muy notables las tomas filmadas en los alrededores de Cambridge, pues es primordial y necesario ver y conocer a los habitantes de la ciudad para interesarnos por ellos. Esto es en resumen una obra maestra de la televisión británica que me ha llevó a leer todos los libros de Tom Sharpe. Siempre he pensado que su novela "Riotous Assembly" podría haber servido de base para una comedia cínica de Billy Wilder, por ejemplo.




La miniserie es una adaptación de la novela de Tom Sharpe, un escritor británico que se especializa en novelas en las que satiriza con crueldad las pretensiones de clase. Si te gusta la novela "Retorno a Brideshead" de Evelyn Waugh, probablemente encontrarás "Porterhouse Blue" una parodia de la misma. David Jason y Ian Richardson está en plena forma. Sólo Gran Bretaña puede llegar a reunir tal colección de buenos actores, capaces de interpretar a estos protectores de la tradición y amantes de los buenos vinos. Cuando ví "Nuestro hombre en La Habana" de Carol Reed, quedé impresionado por la actuación de Paul Rogers, interpretando un papel clave -en medio de estrellas de la talla de Alec Guinness, Ernie Kovacs, Noel Coward y Ralph Richardson-. Con 70 años, Rogers es el Decano de Porterhouse, papel que interpreta con gran estilo, el personaje es altamente egoísta y posée un astuto sentido del humor. Él es uno de los muchos actores que intervienen en "Porterhouse Blue", que, como se dice, clavan sus papeles.



David Jason es Skullion
Otro personaje fascinante es el veterano Charles Gray (que fué el malvado multimillonario y director del organismo criminal Spectra:  Blofeld, en el episodio de la saga James Bond "Diamantes para la eternidad"), aquí interpreta a Sir Cathcart D'Eath, un antiguo militar colonial cuya gran mansión victoriana es custodiada día y noche por guardas, como si fuera un cuartel; Este Sir cría caballos que cuando se hacen viejos son convertidos en el ingrediente principal de su marca de comida para gatos. También celebra bestiales orgías con influyentes invitados disfrazados de animales,-como las descritas por Geoffrey Chaucer en "Los cuentos de Canterbury"-.
 Este personaje recita hilarantes monólogos sobre la grandeza del Imperio Británico bajo los efectos de la ginebra rosada, bebida que ingiere en grandes cantidades y cuyas botellas oculta celosamente entre las tapas encuadernadas en piel de los falsos y sesudos libros que contiene su gran biblioteca de clásicos.



Quiero destacar también el personaje del Capellán universitario (interpretado por Lockwood West), un rijoso vejestorio sordo que padece una represión aguda de la líbido, obsesionado con las estudiantes extranjeras y con las jovenes novicias del Medioevo; -sus consejos son los causantes de una gran desgracia que ya he contado antes-, solo les diré que: "¡Lujuria, buena y sana!", -es su lema-; Y al obeso mórbido y glotón Profesor Siblington (Willoughby Goddard), quién afirma que: "Es una gran desgracia que Diós nos concediera los genitales, nos hacen distraernos enormemente de aquello que de verdad importa".



Canción "Dives in Omnia" ("Aquí no hay dinero"), cantada por el grupo "The Flying Pickets"  y clip de "Porterhouse Blue" (Escena con Sir Cathcart D´Eath).

 





http://www.artistdirect.com/video/porterhouse-blue-vol-2/62544?sms_ss=100zakladok&at_xt=4ca4c211f7d7db94,0

Oncle Jules



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